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SECCIONES > TRADICIONES > Semana Santa
Exposición de turnos antiguos
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El Museo de la Universidad de San Carlos exhibe una exposición de turnos antiguos de Candelaria, La Merced pertenecientes a la colección de don Rodolfo Solano Hernández, QEPD. Dentro de los más antiguos pueden observarse turnos de antes de la Revolución de 19444. En la secuencia se observa la evolución de la tipografía y fotografía en este arte aún no valorado en nuestro medio pero que caracteriza profundamente a nuestra identidad nacional.
Don Rodolfo Solano Hernández cargó durante 14 años consecutivos en San José (Domingo de Ramos), La Parroquia (Lunes Santo), Candelaria (Jueves Santo), La Merced y Santo Domingo (Viernes Santo) y participaba eventualmente en procesiones de Cuaresma y fuera de este período tales como la del Cristo Crucificado de San Francisco que sale el Quinto Viernes de Cuaresma o la que conmemoró los doscientos años de traslación de la imagen de Jesús Nazareno de la Merced y que hizo el recorrido que tenía en dicha época.
Don Rodolfo Solano Hernández, como miembro del Taller de Bronce Solano Hermanos, al lado de sus hermanos Jorge, el mayor y Humberto, de reciente desaparición, el más pequeños, estuvo muy ligado al crecimiento de las procesiones en la ciudad capital. En su taller fundió los diseños de los números de las andas, sostenedores de las arquillas y adornos distintivos tales como los corazones de las andas de la Virgen de San José o las coronitas de las andas de Jesús de Candelaria. Este oficio lo hizo tener amistad con directivos de las hermandades en las cuales cargaba tales como la familia Pellicer de Candelaria.
Dentro de las posesiones más preciadas de don Rodolfo Solano Hernández estaban los trajes de cucurucho, uno morado y otro negro. El primero combinaba con paletina blanca, casco, cinturón y guantes blancos para la Candelaria o capirote, paletina, cinturón y guantes negros para San José, Parroquia y La Merced. El negro sólo lo combinaba con su capirote. Sobre la paletina y en el lado del corazón colocaba sus turnos de los cuales se exhiben unos cuantos de su colección en esta oportunidad.
La tradición fue de vital importancia para don Rodolfo Solano Hernández. Hizo una caja especial para guardar sus turnos y fue sepultado en el panteón de su esposa, doña Aurora Gutiérrez de Cementerio Los Cipreses con el traje de cucurucho a sus pies tal y como él mismo lo solicitó en vida. Los descendientes de don Fito, como cariñosamente le decían, siguieron de distinta forma involucrados en la tradición aunque ya no cargando: Elaborando altares al Nazareno en miniatura que heredó a sus nietos, promoviendo las tradiciones en el quehacer de sus propias profesiones, contando el anecdotario oral, etc.
Las anécdotas de don Rodolfo Solano Hernández como cargador son incontables y van desde los pelitos de los santos entierros que se originaban al querer pasar al mismo tiempo frente a Catedral, el pesor del anda, cómo fue que crecieron las andas, por qué aparecieron los vistosos romanos en algunas procesiones, la cabellera de Jesús de los Milagros, etc. Las mismas trascienden la época de Cuaresma y Semana Santa ya que acostumbraba todos los días viernes del año, en general y de Cuaresma, en particular, visitar a “sus desuses” tal y como él mismo lo expresaba. Al salir de su trabajo, subía a pie a La Parroquia, iba luego a Candelaria, de allí a San José y La Merced para concluir en Santo Domingo donde tras tomar un vaso de atole de elote regresaba en bus para su casa en la colonia Los Ángeles de la zona 6. En Cuaresma y Semana escuchaba marchas fúnebres en su tocadiscos y asistía a los conciertos programados por las hermandades sabiéndose el repertorio de memoria. En su casa tenía enmarcados varios cromos de las imágenes favoritas, gozando su especial estimación los cromos de Jesús de San José y de La Merced.
Don Rodolfo Solano Hernández y sus hermanos crecieron en el Barrio La Ermita a media cuadra de la estación del tren. Toda su familia estuvo ligada siempre a las tradiciones de Cuaresma y Semana Santa. Como detalle que ilustra esto, su hermano Jorge, pendiente de morir tras una mortal enfermedad, fue llevado por él a visitar a “los Desuses” muriendo en paz, tras esa visita un par de días después. Don Rodolfo vivió dos años en New Cork. Trabajó en la Catedral de San Patricio y mandó dinero a Guatemala para que un sobrino suyo hiciera los turnos que a él le correspondían en las procesiones en las cuales cargaba. Portaba siempre entre sus documentos de identificación una estampa con la imagen de Jesús Nazareno de la Merced.
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